
The Yoger es un espacio donde el yoga se vive con naturalidad: sin solemnidad ni posturas perfectas, pero con disciplina, presencia, humor y verdad.
Desde 2014, The Yoger ha ido creciendo poco a poco, con identidad propia, construido desde la experiencia, la curiosidad y muchos años de práctica.
La escuela nació en 2014 como Bindu Salamanca. El nombre fue un regalo de mi maestro, Danilo Hernández, y acompañó durante años el crecimiento del estudio y también el mío como profesora.
The Yoger llegó después, como una evolución natural y una forma de darle a la escuela una identidad plenamente propia. No para borrar lo anterior, sino para continuar construyendo desde todo lo aprendido.
Antes de enseñar yoga, pasé más de ocho años practicándolo y explorándolo como alumna.
Cuando empecé a formarme, no pensaba convertirme en profesora. Quería comprender mejor una práctica que llevaba años despertando mi curiosidad. La enseñanza llegó después, como consecuencia natural de ese recorrido.
Soy geóloga e ingeniera ambiental de formación. Durante más de doce años trabajé en proyectos de ingeniería civil y gestión ambiental. De aquella etapa conservo la curiosidad y el rigor. El yoga me ha enseñado a escuchar, a no apresurar las respuestas y a dejar espacio a lo que no puede medirse. También a soltar rigidez y a recuperar una parte más espontánea, intuitiva y libre.
Esa combinación está hoy muy presente en mi manera de enseñar.
Conocí el yoga gracias a Ingrid González, de Espacio Vital, en Madrid. Su forma honesta de practicar y la pasión con la que lo transmitía despertaron en mí el deseo de seguir profundizando.
Después de pasar por distintas escuelas, encontré a quien considero mi maestro principal: Danilo Hernández, Swami Digambaranda Saraswati, de la Escuela de Yoga Bindu Chamartín. Durante más de diez años practiqué y me formé junto a él. Su pedagogía y su manera de entender el yoga siguen siendo una referencia esencial en mi forma de practicar y enseñar.
Danilo me acercó también a la tradición de la Escuela de Yoga de Bihar, fundada por Swami Satyananda Saraswati. Durante mi estancia en el ashram de Rikhiapeeth, en India, fui iniciada por Swami Satyasangananda Saraswati en esta tradición, con el nombre espiritual Vedanta.

El Hatha Yoga clásico y la meditación son la raíz de mi enseñanza. A partir de ahí he explorado otras formas de práctica —Vinyasa, Ashtanga, Vinyasa Krama, Kundalini, Yoga Terapéutico y Yoga Aéreo— para ampliar recursos sin perder esa base.
Estoy registrada en Yoga Alliance como E-RYT 200 y YACEP y continúo formándome en yoga, meditación y filosofía:
Con el tiempo he aprendido que enseñar yoga no consiste en aplicar la misma técnica a todo el mundo. Me interesa comprender para qué sirve cada recurso, observar a la persona que tengo delante y adaptar la práctica sin vaciarla de contenido.
Después de más de doce años de enseñanza, he desarrollado una metodología propia para las clases de Yoga Aéreo y Restaurativo con columpio. Nace del trabajo cotidiano con personas de edades, experiencias y necesidades muy distintas, y continúa evolucionando con la práctica.
Entiendo el yoga como un espacio de exploración y conocimiento, no como un molde al que haya que adaptarse. Tradición y curiosidad no son opuestas: una aporta raíces y la otra mantiene viva la enseñanza.

Carmen comenzó a practicar yoga antes de formarse como profesora en 2014. La práctica fue impulsando cambios importantes en su vida personal y profesional, y en 2015 empezó a impartir clases en Salamanca.
Desde entonces ha compaginado la enseñanza con una formación continua. Se ha especializado en yoga para embarazadas y yoga para niños en la Escuela de Yoga Madre Tierra, con Sonia Casado, y ha profundizado en Yoga Iyengar con Eduardo González Granda, en la Escuela de Yoga Ciencia y Paz.
También ha completado Sadhana Síntesis, una formación de dos años dedicada a las principales sendas del yoga, con Danilo Hernández —Swami Digambaranda Saraswati—.
Su forma de enseñar es pulcra y precisa, con especial atención a los alineamientos y al ritmo consciente del yoga clásico. Su recorrido como alumna y profesora continúa ligado a la práctica, el estudio y la enseñanza.
Fra creció en contacto con el yoga gracias a su madre, Marina Lupini, profesora de Yoga Iyengar. Desde pequeña practicó con ella y participó en cursos de Iyengar, Hatha Yoga y Yin Yoga, en el que se ha especializado como profesora certificada por la escuela Kavaalya.
Reside en Salamanca desde 2004. En su búsqueda de un lugar donde continuar practicando conoció a Elena Marín, con quien lleva años profundizando en Hatha Yoga, meditación y prāṇāyāma, además de formarse en la didáctica de Yoga Aéreo y Restaurativo con columpio de The Yoger.
Ha ampliado su formación mediante seminarios con Danilo Hernández y continúa aprendiendo dentro de la práctica cotidiana de la escuela.
Su forma de enseñar es abierta, comunicativa y muy didáctica. Aporta energía y cercanía tanto a las prácticas más dinámicas como a las clases de Yin.
Iryna practica yoga desde 2010 y comenzó a impartir clases en 2018. Su experiencia inicial con la práctica produjo una mejora importante en su salud física y despertó su interés por comprender también sus efectos mentales.
En 2018 completó una formación de 200 horas en Hatha Yoga y posteriormente se formó como instructora de Balance Yoga con su maestra, Valentina Malinovskaya. Este enfoque contemporáneo combina secuencias estáticas y dinámicas inspiradas en la tradición de Krishnamacharya.
Ha continuado formándose en anatomía, biomecánica, fisiología, prāṇāyāma, yoga terapéutico, salud de la mujer y trabajo fascial con Anatomy Trains y Slings in Motion.
En sus clases integra este conocimiento con una atención precisa al movimiento y a las necesidades de cada persona.
En Occidente, de una u otra manera, casi todos nos hemos acercado al yoga con bastante desconocimiento de la práctica. Sea como fuere, si permaneces es porque has descubierto el gran potencial que encierra su experiencia. Por dolores corporales, por estrés o ansiedad, por ejercitar el cuerpo, por tranquilizarte o simplemente por curiosidad: cualquier sendero es bienvenido si te acerca al yoga. Pero, dicho esto, conviene aclarar algunas falsas creencias.
El yoga estira, fortalece, tonifica y tranquiliza, pero no se reduce a ninguno de estos efectos. Son consecuencias de un proceso más profundo de interiorización, que puede conducir a un mayor conocimiento de uno mismo y, por tanto, también de la forma en que nos relacionamos con lo que nos rodea.
El yoga no es una religión ni una secta. Es una filosofía, una práctica personal de conocimiento y desarrollo, y una oportunidad para sentirte mejor en tu propia piel. Puede vivirse de muchas maneras y no exige adoptar unas creencias determinadas.
Algunas de las reticencias más comunes para empezar proceden precisamente de esos viejos mitos.
No hay que ser flexible: la flexibilidad puede llegar como consecuencia de la práctica.
No hay que ser joven, no hay que ser mujer y ¡no tiene por qué gustarte el olor del incienso!
Practicas, experimentas tu propio proceso, sueltas expectativas y disfrutas.
Pero no me creas a ciegas: Si te apetece, ven y prueba.
Om y Prem
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