Ya eres el CHAMÁN PLEYADIANO que hay en ti

Ya eres el  CHAMÁN PLEYADIANO que hay en ti

A lo mejor me ha quedado el título de esta entrada demasiado sensacionalista, pero si sigues leyendo, quizás, pienses que no tanto.

Como la gran mayoría que nos acercamos al yoga, lo sepamos o no, de alguna forma estamos buscando algún cambio. Y, en ocasiones, esa búsqueda nos puede llevar por caminos que… ¡ni un guión de Netflix!

En una ocasión, acabé –no sé cómo– en la cumbre de una montaña, tumbada en un prado, con los pies descalzos sobre un tronco caído y con una piedra en el ombligo. Me dejaron allí un par de horas porque “tenía que expulsar el espíritu del vientre” …y yo es que soy muy “bien mandá”…

En otra ocasión, me apunté a un retiro de yoga y me vi de madrugada recitando mantras, yo sola sobre una roca. Luego me invitaron a acercarme a una suerte de piscina natural, de agua verde con tropezones de procedencia extraña y, desde un viejo trampolín, tirarme desnuda a unos 15 grados, para despojarme de mis miedos y apegos. Efectivo eh… ¡Ya no me da apuro nada!

No os cuento más de estas porque no acabo y, para evitar el cachondeo general.

Por suerte, el “organizador cósmico” encauzó el camino a terrenos, a mi parecer, más sensatos.

Esta entrada está dirigida a todos aquellos que nos están empezando a conocer, a los que no nos conocen y también a los que nos acompañan desde hace 6 años…

Para no aburrir, vamos a obviar las penurias derivadas de la pandemia, el cierre de Bindu y el paso por el incierto desierto hasta abrir por fin The Yoger.

De acuerdo, lo que cuenta es que estamos aquí de nuevo. Ahora somos más grandes y afrontamos un mayor reto en mil sentidos. El primero y más importante, seguir compartiendo con vosotros un Yoga real.

Desde la apertura no dejamos de recibir propuestas, decenas de personas que se ofrecen como profesores de yoga tras realizar cursos de unos pocos meses, o que quieren realizar talleres de diversas naturalezas, a saber: círculos celestiales, sanación de frecuencias hercianas, talleres chamánicos de sonido, taller “El guía estelar que hay en ti”, terapia de cuarzos y símbolos pleyadianos, geometría sagrada, taller de guardianas del útero, reiki de péndulo hebreo, cadena de almas, modificación de vibraciones, y un largo etcétera.

No vamos a emitir ningún juicio general sobre todas estas técnicas, en primer lugar, porque pese a nuestras “aventuras” pasadas, no las conocemos todas, y en segundo porque cada uno es muy libre de encontrar su propio camino personal y nos parece totalmente respetable.

Pero qué rentable sería para nosotros abrir las puertas a todas estas propuestas, lo que pasa es que tenemos una posición firme, una responsabilidad con todos vosotros, con nosotros mismos y ante todas las cosas, con el YOGA.

En The Yoger, Carmen, Chema y yo compartimos yoga. En ocasiones lo haremos mejor o peor, igual que todos vosotros lidiamos con los problemas familiares o de pareja, las cuentas bancarias, los resfriados, la política, las prisas y las cosas de la vida, pero es seguro que cada día lo hacemos desde la pasión que sentimos por el yoga, y el compromiso de dar a conocer una filosofía de vida, que, en la nuestra, significa y nos ayuda tanto.

El yoga es un proceso de Svadhyaya, autoconocimiento, de crecimiento, de desarrollo de la personalidad. El yoga trabaja con y a través del cuerpo para llegar a la mente, movilizando poderosamente nuestra energía, creando efectos en el organismo y en la actividad mental ampliamente demostrados por miles de practicantes, de forma experimental durante siglos y, en la actualidad, corroborados por la ciencia, donde lo que en realidad cuenta es tu propia constatación personal.

En occidente, de una manera u otra, todos nos hemos acercado al yoga con bastante desconocimiento de la práctica y motivados por la parte física.

El yoga estira, fortalece, tonifica y tranquiliza, pero ninguna de éstas fueron las intenciones de los primeros yoguis al dejarnos su legado. Son sólo las consecuencias de un proceso profundo de interiorización que conducen a un mayor conocimiento de sí mismo y por tanto de los que nos rodea.

Alguna de las reticencias más comunes para no practicar son las falsas creencias o los viejos mitos. No hay que ser flexible, tan sólo es una consecuencia de la práctica. No hay que ser joven, no hay que ser mujer, no hay que ir de naranja, ni blanco, la meditación no es dejar la mente en pausa, ¡no tiene por qué gustarte el olor del incienso! Tú diseñas tu propia práctica, experimentas tu avance, sueltas expectativas y sacas tus conclusiones.

El yoga no es una religión o una secta, el yoga es una filosofía de vida, es una práctica personal de desarrollo, es una oportunidad para sentirte mejor en tu propia piel y para unirte a una vibración más grande de la que todos formamos parte.

Y hablando de vibraciones…lo que nosotros deseamos para ti es que aprendas a manejar la tuya propia, creemos que nadie tiene porqué tocar ni dirigir tu energía más que tú mismo, que es tu responsabilidad recorrer tu camino, practicar, meditar e ir dibujando el sendero, que esperamos que…no pase por ningún trampolín.

 

P.D: Para los que queréis profundizar y nos preguntáis por lecturas iniciales que os ayuden a comprender mejor la práctica, aquí os dejamos los enlaces nuestros favoritos:

Claves del Yoga

Asana, pranayama, mudra, banda.

Ciencia y consciencia

Biografía del silencio

Los Yogas

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